Bill Quigley / Laura Raymond
Truthout
"La historia muestra es posible derrotar a los regímenes antidemocráticos de Latinoamérica o de cualquier otra parte —aun cuando cuenten con el respaldo estadounidense— mediante campañas en favor de la democracia y los derechos humanos. El Frente Nacional de Resistencia Popular de Honduras (FNRP) está trabajando para mostrar el camino en Honduras. Quienes nos solidarizamos desde la distancia observamos con admiración el trabajo que están llevando a cabo para transformar su país, y saludamos este nuevo esfuerzo para celebrarlo —a la vez que continúan en la lucha— con el Día de los Artistas en Resistencia."
El 21 de octubre, la resistencia democrática de Honduras celebra el Día de los Artistas en Resistencia. Este evento se contrapone al reconocimiento oficial de esa fecha como Día de las Fuerzas Armadas de Honduras. La resistencia, que está trabajando por una Honduras verdaderamente democrática, cambió la denominación de ese día y creó una celebración alternativa debido al brutal ataque policial del mes pasado contra músicos y otras personas que dejó un muerto y numerosos heridos.
El 15 de septiembre de 2010, una marcha no violenta y un concierto musical fueron atacados por la policía y las fuerzas de seguridad. Por increíble que parezca, los policías que participaron en el ataque se dedicaron a destruir los instrumentos de los músicos. Los músicos que fueron atacados pidieron cambiar el nombre del día por el de Día de los Artistas en Resistencia. Para señalar la ocasión, el colectivo Artistas en Resistencia y el Frente Nacional de Jóvenes en Resistencia (FNJR) han organizado conciertos para la noche del 21 de octubre en San Pedro Sula y en Tegucigalpa.
Estos grupos representan sólo una pequeña parte del Frente Nacional de Resistencia Popular de Honduras (FNRP), uno de los movimientos sociales más activos actualmente que toma forma en nuestro hemisferio. El FNRP representa movimientos sociales, organizaciones e individuos de casi todos los sectores de la sociedad hondureña, y se están organizando para hacer frente a una de las principales crisis de derechos humanos en América Latina: el golpe de 2009 en Honduras y la intimidación, las agresiones, el silenciamiento y el asesinato de quienes se han opuesto a los regímenes que han tomado el poder posteriormente. Se espera que los conciertos de la noche harán hincapié en la resistencia a la crisis en Honduras y en movilizar mayor solidaridad internacional con el FNRP.
La crisis actual en Honduras
Desde el golpe de estado en junio de 2009, dos regímenes - el gobierno golpista de facto de Roberto Micheletti y el del actual presidente Porfirio Lobo - han hecho poco para proteger los derechos humanos, mientras que la policía y las fuerzas de seguridad han sometido a los miembros FNRP y a los relacionados con ese movimiento a detenciones masivas, golpizas, redadas con gas lacrimógeno, violaciones, secuestros y otras formas de tortura. Los jueces críticos del golpe de estado y de las autoridades post-golpistas han sido despojados de sus cargos, transferidos arbitrariamente y sometidos a procesos disciplinarios.
Al menos diez periodistas han sido asesinados sólo en 2010 en circunstancias obviamente indicativas de que fueron asesinatos políticos. Los periodistas que no han sido asesinados se han enfrentado a la censura estatal. La violencia y la represión del debate político, de reuniones públicas y la democracia crítica se han convertido en parte de la vida cotidiana.
En lugar de investigar estos crímenes y enjuiciar a los responsables, los actuales funcionarios hondureños han mirado hacia otro lado. La línea oficial expresada por estos funcionarios, y coreada por los periódicos hondureños (que no hacen el menor esfuerzo por ocultar su apoyo al golpe y a los gobiernos postgolpistas), sostiene que la violencia es consecuencia de las guerras entre bandas de traficantes. Lamentablemente, esta retórica ha ganado adeptos entre los blogueros y en círculos diplomáticos, aun cuando estas especulaciones no se basan en ninguna investigación independiente ni en la detención el arresto de personas implicadas.
Lo cierto es que la oleada de violencia contra dirigentes obreros, líderes comunales, periodistas y activistas ha estallado solo tras el golpe, y es innegable que su objetivo son los líderes y miembros de la resistencia.
Según el Comité de Familiares de Desaparecidos en Honduras (COFADEH), se han producido 83 asesinatos de miembros del FNRP, incontables heridos víctimas de agresiones, y un flujo constante de personas que han tenido que abandonar el país tras haber sido violadas o torturadas de otra manera, o tras haber recibido amenazas de muerte por ser miembros de la resistencia (o porque se creía que lo eran); algunas de las personas exiliadas han sufrido torturas y amenazas de muerte.
¿La hora de “mirar hacia adelante”?
Pese al derrocamiento el pasado año del presidente democráticamente electo, Manuel Zelaya, la represión del régimen golpista provisional de Micheletti, la ilegítima elección de Lobo (a quien grupos como el Carter Center o incluso las Naciones Unidas se niegan a reconocer debido a su evidente ilegalidad), el desamparo judicial que padecen las víctimas del golpe y la continua violencia política que se ha producido tras él, las autoridades postgolpistas repiten una y otra vez que es hora de que el pueblo hondureño mire hacia delante.
La última concreción de los esfuerzos por “mirar hacia adelante” es una falaz invitación de Pepe Lobo al FNRP para dialogar sobre el proceso de Asamblea Constituyente. El FNRP recibió la invitación con cautela. Se reunieron en dos asambleas separadas para considerar la propuesta y decidieron rechazar la invitación debido a la violencia y represión ejercida contra la resistencia. Entre las razones del rechazo está el hecho de que el presidente Zelaya sigue estando obligado a permanecer en el exilio por las falsas acusaciones contra él, la existencia de numerosos presos políticos y que no se haya castigado a los responsables de las violaciones de los derechos humanos cometidas contra el movimiento. La dirección del FNRP manifestó que la invitación no era más que un nuevo intento de Lobo por legitimar su autoridad ante la opinión pública nacional e internacional.
El avance de la resistencia
El FNRP propugna el cambio de la constitución hondureña a fin de que exprese su compromiso con la democracia y los derechos humanos. Muchos en Honduras consideran que la Constitución ha sido redactada para la élite del país y que concede muy pocos derechos a los pobres y a los que han sido históricamente marginados. Algunos dicen que la Constitución es una de las principales razones de que Honduras sea uno de los países de América con uno de los índices de pobreza más elevados y con mayor diferencia entre ricos y pobres.
La Asamblea Constituyente ha sido el objetivo principal del FNPR durante la mayor parte del pasado año. Recientemente presentaron 1,3 millones de firmas en apoyo del proceso. A primera vista, parece una contradicción: si éste es el objetivo primordial del movimiento y el presidente quiere dialogar sobre ello, ¿no debería la resistencia intentar al menos el diálogo? La realidad es que la resistencia ve en Lobo a un dirigente ilegítimo que ha participado activamente en la represión contra el FNRP; el diálogo con él podría comprometer el delicado y profundamente democrático proceso que el FNRP ha estado poniendo en marcha durante meses con numerosos sectores de la sociedad hondureña: sindicatos, jóvenes, campesinos, grupos LGBTQ y otros.
El FNRP ha decidido ahora seguir adelante con la Asamblea Constituyente en cuanto proceso autónomo y democrático. Ésta es una decisión fascinante, incluso histórica en nuestro hemisferio, y es un ejemplo de democracia participativa del que todos deberíamos aprender.
Mientras tanto, en los Estados Unidos 29 miembros del Congreso dieron un valiente paso —en especial si tenemos en cuenta que hay unas elecciones a la vuelta de la esquina— al expresar una dura condena del “deplorable expediente [de Honduras] en materia de derechos humanos” y hacer recuento de los casos recientes de violencia política.
Los miembros de Congreso dejaron constancia de su “seria preocupación por que el estado de derecho se encuentra directamente amenazado por la policía y las fuerzas armadas hondureñas” e hizo un llamamiento al gobierno de Obama para que ponga fin a toda ayuda directa a las autoridades hondureñas, en especial a la policía y el ejército. Pidieron también que EE. UU. deje de cabildear para conseguir que se readmita a Honduras en la Organización de Estados Americanos (OEA).
Mientras que la mayoría de los países miembros de la OEA se han mantenido firmes en su rechazo a readmitir a Honduras, la Secretaria de Estado Clinton ha hecho de la readmisión de Honduras una prioridad en la región, sacando a colación este asunto en sus encuentros con los jefes de Estado latinoamericanos y presionando en tal sentido en diversas reuniones internacionales. Por las razones que el Centro de Derechos Constitucionales (CCR) expuso en nuestra carta abierta a Clinton, el gobierno de Obama debe poner a fin a sus presiones y la OEA ha de mantenerse firme en su negativa a readmitir a Honduras en su seno.
A todos los que están comprometidos en la lucha solidaria con la gente corriente que trata de organizarse en favor de la democracia, la igualdad y la justicia social en América les produce indignación ver que el gobierno de Obama se ha convertido en el principal aliado del régimen de Lobo. Sin el apoyo estadounidense, el régimen de Lobo no habría podido celebrar sus ilegítimas elecciones ni de mantenerse tanto tiempo como lleva en el poder. Pero la historia muestra es posible derrotar a los regímenes antidemocráticos de Latinoamérica o de cualquier otra parte —aun cuando cuenten con el respaldo estadounidense— mediante campañas en favor de la democracia y los derechos humanos. El FNRP está trabajando para mostrar el camino en Honduras. Quienes nos solidarizamos desde la distancia observamos con admiración el trabajo que están llevando a cabo para transformar su país, y saludamos este nuevo esfuerzo para celebrarlo —a la vez que continúan en la lucha— con el Día de los Artistas en Resistencia.
Bill Quigley es abogado especialista en derechos humanos y profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Loyola de Nueva Orleans. Es director del área jurídica del Center for Constitutional Rights (Centro de Derechos Constitucionales) y miembro del equipo jurídico del School of Americas Watch (Observatorio de la Escuela de las Américas).
Laura Raymond está a cargo de Servicios a la Comunidad para casos de Derechos Humanos Internacionales del Centro de Derechos Constitucionales (CCR). Laura tiene una Maestría del SIT Graduate Institute en Servicio, Liderazgo y Gestión, con énfasis en Defensa de Políticas.
Fuente: http://www.truth-out.org/honduran-resistance-movement-shows-signs-progress64428
Traducido para Tlaxcala por Javier Fernández Retenaga
Editado por Manuel Cedeño Berrueta
El Movimiento de Resistencia en Honduras muestra señales de progreso
28 de octubre de 2010
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Demanda contra Chevron-Texaco en Ecuador podría alcanzar los 90 mil millones de dólares
Radio Mundo Real
El calvario judicial de las organizaciones de la Amazonía de Ecuador comenzó hace más de 17 años, y se ha prolongado a raíz de las permanentes dilatorias presentadas por la petrolera Chevron-Texaco para evitar la sentencia.
Los demandantes, afectados por los treinta años de actividad extractiva, estiman que la reparación del daño causado rondaría entre los 40 y los 90 mil millones de dólares, según divulgó en su portal de Internet el Frente de Defensa de la Amazonía, uno de los grupos que entabló el juicio contra la poderosa corporación.
La multinacional, como era previsible, ha querido deslindar todas sus responsabilidades por los crímenes ambientales cometidos en las provincias de Orellana y Sucumbíos.
La empresa carga sus baterías contra el Estado ecuatoriano, más precisamente contra la estatal Petroecuador, y argumenta que ya retiró todas sus inversiones del país, avalada por las anteriores administraciones.
La voluntad empresarial por eternizar el juicio está dando resultados: la causa estuvo diez años en tribunales de Estados Unidos y siete en Ecuador –eso incluyó seis jueces diferentes y tres recusaciones-, y las víctimas todavía esperan una sentencia.
Las organizaciones ecuatorianas consideran que las 54 inspecciones judiciales efectuadas en el territorio contaminado deberían arrojar pruebas suficientes, y por demás contundentes, de los daños causados por Chevron-Texaco. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha sido enfático al momento de posicionarse del lado de las comunidades demandantes, y ha cuestionado los artilugios judiciales de la corporación petrolera.
En una entrevista con el informativo español Más Voces, el dirigente Ermel Chávez, del Frente de Defensa de la Amazonía, denunció que la contaminación por hidrocarburos responsabilidad de Chevron-Texaco ha provocado la muerte de unas 500 personas, mientras que otras 1500 están enfermas.
Durante las operaciones de la petrolera –que abarcó desde los años sesenta hasta los noventa, en una concesión de un millón de hectáreas de selva-, la empresa utilizó tecnología inadecuada para ahorrarse miles de millones de dólares.
“Entraron como si fuera una tierra baldía, pero ahí vivían muchas comunidades indígenas. Usaron la peor tecnología disponible”, recordó Chávez en la nota radial.
Fuente: http://www.radiomundoreal.fm/Y-los-tiene
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Candidato republicano mató a dos iraquíes desarmados
Fuente: http://www.democracynow.org/es/2010/10/27/titulares#10
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Las tecnologías abiertas tras el anonimato de Wikileaks

Nismrc
MuyLinux
Para quienes no lo conozcan, Wikileaks es un sistema que publica informes y documentos de contenido sensible sobre los oscuros “secretillos” de gobiernos, instituciones y entidades importantes que difícilmente saldrían a la luz publica por medios tradicionales. Pero sin ahondar demasiado en ese tema (apasionante por cierto), una de las cosas que mas importantes de todo este medio es mantener el anonimato de los informantes y para lograr dicha “ocultación” se valen de software de código abierto, que es lo que nos convoca en esta ocasión.
OpenSSL
Es un conjunto de herramientas de criptografía que suministra sus funciones, por ejemplo, a OpenSSH para acceder a sitios seguros, y es la base para la implementación de seguridad de una gran cantidad de servidores web. Lógicamente Wikileaks utiliza esta herramienta para mantener accesos seguros a sus servidores y ayudar en el cifrado de información, pero esta medida, que ya es prácticamente un estándar, es solo una de las herramientas que se necesitan para mantener la seguridad.
Freenet
Es una red diseñada especialmente para combatir la posible censura de información a la vez que mantener el anonimato de sus usuarios mientras navegan, comparten y publican información en ella, tiene un funcionamiento similar a las redes P2P de manera que los nodos pueden intercambiar información entre ellos de forma descentralizada y anónima, ya que la comunicación entre nodos se cifra.
Freenet trabaja gracias a sus usuarios, quienes contribuyen con ancho de banda y una parte del disco duro como almacén de datos, datos que ni siquiera el anfitrión podría ser capaz de ver ya que son fragmentos cifrados distribuidos al azar entre nodos y que sólo son reconstruidos en la red al momento de ser consultados, de esta manera la información se mantiene segura de los posibles controles que se intenten imponer sobre ella de parte de entidades y especialmente de gobiernos, que es la principal razón de la existencia de Freenet.
Además usando Freenet se puede crear una “red oscura”, la cual pueden crear y mantener entre algunos amigos para intercambiar información y que se vuelve muy difícil de detectar.
Cabe destacar que para acceder a esta red es necesario tener el programa instalado, con el cual se puede acceder a los “Freesites” (páginas web en Freenet) mediante un navegador web con la ayuda de FProxy o acceder a mensajería instantánea e intercambio de archivos con la ayuda otras aplicaciones. Creo que se puede apreciar fácilmente el por qué de su uso por parte de Wikileaks.
Tor
El motivo de se uso es más que evidente, ya que se trata de una red de túneles virtuales que permite a los usuarios comunicarse a internet de manera anónima y privada que además es resistente a los análisis de tráfico. A efectos prácticos, nadie puede descubrir la IP del origen de la conexión si usa Tor, obviamente nada es 100% infalible, pero esta solución se acerca bastante.
Aun así, lo único cifrado por Tor es la información de conexión y no el contenido en sí, de ahí que para asegurar un óptimo resultado sea necesario cifrar la información con el uso, por ejemplo, de SSL o PGP.
Hay que destacar que Tor no solo le puede dar anonimato a un usuario, sino también a un servidor anfitrión (y a varios de ellos), lo que lo que convierte en una de las mayores armas de anonimato para Wikileaks en la red.
PGP
Si bien no es software libre, posee una implementación libre llamada GPG y de todas maneras la destaco, ya que entra en el tema (y muy probablemente la que se use sea GPG).
PGP permite cifrar documentos para que sean enviados y luego descifrados por el destinatario. El sistema es bastante seguro, por un lado genera un par de claves únicas, que difícilmente podría obtener un tercero que no sea el emisor o el receptor, y por otra parte utiliza un sistema de firmas digitales para asegurarse de que el documento es auténtico y no ha sido alterado en el camino.
PGP proporciona uno de los mejores servicios de cifrado e igualmente se hace evidente la razón de su uso por parte de Wikileaks, este sistema destinado a proteger la privacidad es otra de las armas de este servicio de contendidos e información mas controvertido de los últimos tiempos.
Por último, solo destacar que Wikileaks hace uso de Mediawiki, el software de código abierto licenciado bajo la GNU que se utiliza en Wikipedia y en muchas otras wikis, el cual está especialmente diseñado y preparado para la generación de contenidos.
Mas allá de todo el revuelo que ha significado Wikileaks desde su creación hasta una reciente filtración de datos, la mas grande hasta ahora, podemos notar nuevamente como el código abierto muestra sus poderes en los mas diversos campos, y aunque el uso de software Libre pueda ser en este caso casi obligatorio (un proveedor de software propietario difícilmente protegerá la privacidad frente a una autoridad si se lo requiere), técnicamente el sistema ha rendido bien hasta ahora y ha ayudado a Wikileaks ha mantener una buena seguridad en torno a su operación.
http://www.muylinux.com/2010/10/26/las-tecnologias-abiertas-tras-el-anonimato-de-wikileaks
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Declinación del capitalismo, fin del crecimiento global, ilusiones imperiales y periféricas, alternativas.
En el camino de la insurgencia global
Jorge Beinstein
Espai Marx
Primer Encuentro Internacional sobre “El derecho de los pueblos a la rebelión” Caracas 7-8-9 de Octubre de 2010, día del guerrillero heroico
Las fanfarronerías de los lejanos años 1990 acerca del mileno capitalista-neoliberal han pasado a ser curiosidades históricas, tal vez sus últimas manifestaciones (ya a la defensiva) han sido las campañas mediáticas que nos señalaban el pronto fin de las “turbulencias financieras” y el inmediato retorno de la marcha triunfal de la globalización.
Ahora, al comenzar el último trimestre de 2010 las expectativas optimistas de los altos mandos del planeta (jefes de estado, presidentes de bancos centrales, gurúes de moda y demás estrellas mediáticas) van dando paso a un pesimismo abrumador. Se habla de trayectoria de las economías centrales en forma de W como si después del desinfle iniciado en 2007-2008 hubiera ocurrido una verdadera recuperación a la que ahora seguiría una segunda caída y a cuyo término llegaría la expansión durable del sistema, algo así como una segunda penitencia que permitiría a las élites purgar sus pecados (financieros) y retomar el camino ascendente.
La «recuperación» no ha sido otra cosa que un alivio efímero obtenido gracias a una sobredosis de “estímulos” que prepararon las condiciones para una recaída que se anuncia terrible. Porque el enfermo no tiene cura, su enfermedad no es la consecuencia de un accidente, de un mal comportamiento o del ataque de algún virus (que la súper ciencia de la civilización mas sofisticada de la Historia podrá más temprano que tarde controlar) sino del paso del tiempo, del envejecimiento irreversible que ha ingresado en la etapa senil.
La modernidad capitalista ya casi no tiene horizonte de referencia, su futuro visible se retrae a una velocidad inesperada, su posible supervivencia aparece bajo la forma de escenarios monstruosos marcados por militarizaciones, genocidios y destrucciones ambientales cuya magnitud no tiene precedentes en la historia humana.
El capitalismo ha llegado a ser finalmente mundial en el sentido más riguroso del término, ha conseguido llegar hasta los rincones más escondidos. En ese sentido puede afirmarse que la civilización burguesa de raíz occidental es hoy la única civilización del planeta (incluyendo adaptaciones culturales muy diversas). Pero la victoria de la globalización llega en el mismo momento en que comienza su decadencia, dicho de otra manera, si miramos a este comienzo de siglo desde el largo plazo la concreción del dominio planetario del capitalismo aparece como el primer paso de su decadencia, en consecuencia la condición necesaria pero no suficiente para la emergencia del post capitalismo ya está instalada.
Estamos ingresando en una nueva era caracterizada por el enfriamiento del capitalismo global y los fracasos para relanzar a las economías imperialistas que coinciden con el empantanamiento de la guerra colonial de Eurasia. En esa zona los Estados Unidos y sus aliados están sufriendo un desastre geopolítico que presenta en una primera aproximación la imagen de un Imperio acorralado. Pero por debajo de esa imagen se desarrolla un sordo proceso de resdespliegue imperialista, de nueva ofensiva apoyada en su aparato militar y un amplio abanico de dispositivos comunicacionales e ideológicos que lo acompañan. Los Estados Unidos van configurando sobre la marcha una renovada estrategia global, política de estado cuyos primeros pasos fueron dados hacia el fin de la presidencia de George W. Bush y que tomo cuerpo con la llegada de Obama a la Casa Blanca. El Imperio decadente al igual que otros imperios decadentes del pasado busca superar su declinación económica utilizando al máximo lo que considera su gran ventaja comparativa: el dispositivo militar. Su agresividad aumenta al ritmo de sus retroceso industriales, comerciales y financieros, sus delirios militaristas son la compensación psicológica de sus dificultades diplomáticas y económicas y alienta el desarrollo de peligrosas aventuras, de masacres periféricas, de emergencias neofascistas.
La nueva estrategia implica el lanzamiento de una combinación de acciones militares, comunicacionales y diplomáticas destinada a hostigar a enemigos y competidores, provocar disputas y desestabilizaciones apuntando hacia conflictos y situaciones más o menos caóticas capaces de debilitar a potencias grandes y medianas y a partir de allí restaurar posiciones de fuerza actualmente en declive. Extensión de la agresión contra Afganistán-Pakistán, amenazas (y preparativos) de guerra contra Irán, contra Corea del Norte, provocación de contradicciones entre Japón y China, etc.
También desde el fin de la era Bush se desarrollan grandes ofensivas sobre Africa y especialmente sobre América Latina, el tradicional patio trasero hoy atravesado por gobiernos izquierdizantes, más o menos progresistas que han terminado por conformar un espacio relativamente independiente del amo colonial. Allí la ofensiva norteamericana aparece como un conjunto de acciones concertadas con fuerte dosis de pragmatismo destinadas a recontrolar a la región. Su esencia queda al descubierto cuando detectamos su objetivo, no se trata ahora principalmente de ocupar mercados, dominar industrias, extraer beneficios financieros, ya no estamos en el siglo XX. La mira imperial apunta hacia recursos naturales estratégicos (petróleo, grandes territorios agrícolas como productores de biocombustibles, agua, litio, etc.), en muchos casos las poblaciones locales, sus instituciones, sindicatos y más en general el conjunto de sus entramados sociales constituyen obstáculos, barreras a eliminar o a reducir al estado vegetativo (en ese sentido lo ocurrido en Irak puede ser considerado un caso ejemplar).
Es necesario tomar conciencia de que el poder imperial ha puesto en marcha una estrategia de conquista de largo plazo del estilo de la que implementó en Eurasia, se trata de una tentativa depredadora-genocida cuyo único precedente comparable en la región es lo ocurrido hace quinientos años con la conquista colonial. El fenómeno es tan profundo e inmenso que se torna casi invisible para las miradas progresistas maravilladas con los éxitos fáciles obtenidos durante la década pasada. Los progresistas buscan y buscan vías de negociación, equilibrios “civilizados” deambulando de fracaso en fracaso porque el interlocutor racional a sus propuestas solo existe en su imaginación. Hoy el sistema de poder del imperio se apoya en una “razón de estado” fundada en la desesperación, producida por un cerebro senil, en última instancia razón delirante que ve a los acuerdos, a las negociaciones diplomáticas o a las maniobras políticas de sus propios aliados-lacayos como puertas abiertas para sus planes agresivos. Lo único que realmente le interesa es recuperar territorios perdidos, desestabilizar los espacios no controlados, golpear y golpear para volver a golpear, su lógica se monta sobre una ola de reconquista cuya magnitud suele a veces desbordar a los propios estrategas imperiales (y por supuesto a una amplia variedad de dirigentes políticos norteamericanos).
Pero el imperio está enfermo, es gigantesco pero está plagado de puntos débiles, el tiempo es su enemigo, aporta nuevos males económicos, nuevas degradaciones sociales y amplifica las áreas de autonomía y rebelión.
Agotamiento de los estímulos
Hacia fines de 2010 presenciamos el agotamiento de los estímulos financieros lanzados en las potencias centrales a partir de la agudización de la crisis global en 2007-2008.
El caso norteamericano ha sido descripto de manera contundente por Bud Comrad, economista jefe de Casey Research: “en 2009 el gobierno federal tuvo un déficit fiscal del orden de los 1,5 billones (millones de millones) de dólares, por su parte la Reserva Federal gastó cerca de 1,5 billones de dólares para comprar deudas hipotecarias y así impedir el colapso de ese mercado. Es decir que el gobierno gastó 3 billones de dólares para obtener una pequeña recuperación evaluada en un 3 % del Producto Bruto Interno, aproximadamente 400 mil millones de dólares de crecimiento económico. Ahora bien gastar 3 billones de dólares para obtener 400 mil millones es un pésimo negocio” (1).
Con las políticas de “estímulos” (una suerte de neokeynesianismo-neoliberal) no llegó la recuperación durable de las grandes potencias, lo que si llegó fue una avalancha de deudas públicas: entre 2007 (último año previo a la crisis) y 2010 la relación entre deuda pública y Producto Bruto Interno pasará en Alemania del 64 % al 84%, en Francia del 64% al 94 %, en los Estados Unidos del 63 % al 100 %, en Inglaterra de 44 % al 90 % (2).
Luego ocurrió lo que inevitablemente tenía que ocurrir: se inició la segunda etapa de la crisis a partir del estallido de la deuda pública griega que anticipaba otras en la Unión Europea afectando no solo a los países deudores más vulnerables sino también a sus principales acreedores ante quienes se alzaba la amenaza de sobreacumulación de activos crediticios basura: hacia fines de 2009 las deudas de los llamados “PIIGS” (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España, es decir los países europeos expuestos por el sistema mediático como los más vulnerables) hacia Francia, Inglaterra y Alemania sumaban unos 2 millones de millones de dólares suma equivalente al 70 % del producto Bruto Interno de Francia o al 75 % del de Inglaterra.
Si la primera etapa de la crisis estuvo marcada por los estímulos estatales al sector privado y la expansión de las deudas públicas, la segunda etapa se inicia con el comienzo del fin de la generosidad estatal (más allá de algunos posibles futuros intentos desesperados de reactivación), la llegada de los recortes de gastos, de reducciones salariales, de aumentos en las tasas de interés, en síntesis la entrada a una era de contracción o estancamiento económico que se irá prolongando en el tiempo y extendiendo en el espacio.
Nos encaminamos hacia el enfriamiento del motor de la economía global, los países del G7 aplastados por las deudas luego de una reactivación débil y efímera gracias a las políticas de subsidios. Sus deudas públicas y privadas han venido creciendo hasta acercarse ahora a su punto de saturación, en 1990 las deudas totales del G7 (públicas + privadas) representaban cerca del 160 % de la suma de sus Productos Brutos Internos, en el 2000 habían subido al 180% y en el 2010 superarán el 380 % (110 % las deudas públicas y 270% las deudas privadas) (3).
La opción que ahora enfrentan es simple: tratar amontonar más deudas lo que les permitiría postergar la recesión por muy poco tiempo (con alta probabilidad de descontrol, de alta turbulencia en el sistema global) o entrar a la brevedad en un período recesivo (con esperanza de control) que anuncia ser muy prolongado, en realidad no se trata de dos alternativas antagónicas sino de un único horizonte negro al que pueden llegar por distintos caminos y a varias velocidades.
Hipertrofia financiera
La lluvia de estímulos, masivas transferencias de ingresos hacia las elites dominantes (con rendimientos aceleradamente decrecientes) aparece como el capítulo más reciente de un largo ciclo de hipertrofia financiera originado en los años 1970 (y tal vez un poco antes) cuando el mundo capitalista inmerso en una gigantesca crisis de sobreproducción debió acudir a partir de su centro imperial, los Estados Unidos, a sus dos muletas históricas: el militarismo y el capital financiero. Detrás de ambos fenómenos se encontraba un viejo conocido: el Estado, aumentando sus gastos bélicos, aflojando los controles sobre los negocios financieros, introduciendo reformas en el mercado laboral que retrasaban a los salarios respecto de los incrementos de la productividad.
El proceso fue encabezado por la superpotencia hegemónica pero integrando a los dos espacios subimperialistas asociados (Europa Occidental y Japón). Es necesario aclarar que la unipolaridad en el mundo capitalista, con sus consecuencias económicas, políticas, culturales y militares, se inició en 1945 y no en 1991 aunque a partir de esa última fecha (con el derrumbe de la URSS) devino planetaria.
Se trató de un cambio de época, de una transformación que permitió controlar la crisis aunque degradando al sistema de manera irreversible. Las altas burguesías centrales se desplazaron en su mayor parte hacia las cúpulas de los negocios especulativos, fusionando intereses financieros y productivos, convirtiendo a la producción y al comercio en complejas redes de operaciones gobernadas cada vez más por comportamientos cortoplacistas. La hegemonía parasitaria, rasgo distintivo de la era senil del capitalismo acaparó los grandes negocios globales y engendró una subcultura, en realidad una degeneración cultural desintegradora basada en el individualismo consumista que fue desestructurando los fundamentos ideológicos e institucionales del orden burgués. De ello se derivaron los fenómenos de crisis de legitimidad de los sistemas políticos y de los aparatos institucionales en general y sirvió de caldo de cultivo para las deformaciones mafiosas de las burguesías centrales y periféricas (complejo abanico de lumpenburguesías globales).
Techo energético y “destrucción creadora” (de más destrucción).
Desde el punto de vista de las relaciones entre el sistema económico y su base material la depredación (en tanto comportamiento central del sistema) comenzó a desplazar a la reproducción. En realidad el núcleo cultural depredador existió desde el gran despegue histórico del capitalismo industrial (hacia fines del siglo XVIII, principalmente en Inglaterra) y aún antes durante el largo período precapitalista occidental. Marcó para siempre a los sistemas tecnológicos y al desarrollo científico, empezando por su pilar energético (carbón mineral primero, luego petróleo) y siguiendo por una amplia variedad de explotaciones mineras de recursos naturales no renovables (esa exacerbación depredadora es uno de los rasgos distintivos de la civilización burguesa respecto de las civilizaciones anteriores), sin embargo durante las etapas de juventud y madurez del sistema la depredación estaba subordinada a la reproducción ampliada del sistema.
La mutación parasitaria de los años 1970-1980-1990 no permitió superar la crisis de sobreproducción sino hacerla crónica pero controlada, amortiguada, exacerbando el pillaje de recursos naturales no renovables e introduciendo a gran escala técnicas que posibilitaron la súperexplotación de recursos renovables violentando, destruyendo sus ciclos de reproducción (es el caso de la agricultura basada en transgénicos y herbicidas, como el glifosato, de alto poder destructivo). Esto ocurría cuando varios de esos recursos (por ejemplo los hidrocarburos) se aproximaban a su máximo nivel de extracción.
La avalancha del cortoplacismo (de la financierización cultural del capitalismo) liquidó toda posibilidad de planificación a largo pazo de una posible reconversión energética, lo que deja planteado el tema de la viabilidad histórica-civilizacional de las vías de reconversión (ahorro de energía, recursos energéticos renovables, etc.). Viabilidad en el contexto de las relaciones de poder, de las estructuras industriales y agrícolas, en síntesis: del capitalismo concreto inseparable de la obtención de “ganancias-aquí-y-ahora” y no de la probable supervivencia de las generaciones venideras.
El sistema tecnológico del capitalismo no estaba preparado para una reconversión energética, el tema tampoco era de interés prioritario para las élites dominantes (lo que no les impedía “preocuparse” por el problema). No es la primera vez en la historia de la decadencia de las civilizaciones en que los intereses inmediatos de las clases superiores entran en antagonismo con su supervivencia a largo plazo.
El techo energético que ha encontrado la reproducción del capitalismo converge con otros techos de recursos no renovables que afectarán pronto a un amplio espectro de actividades mineras, a ello se suma la explotación salvaje de recursos naturales renovables. Se presenta así un escenario de agotamiento general de recursos naturales a partir del sistema tecnológico disponible, más concretamente del sistema social y sus paradigmas es decir del capitalismo como estilo de vida (consumista, individualista, autoritario-centralizador, depredador).
De la crisis crónica de sobreproducción a la crisis general de subproducción. El ciclo largo del capitalismo industrial.
Por otra parte la crisis de recursos naturales indisociable del desastre ambiental converge con la crisis de la hegemonía parasitaria. En las primeras décadas de la crisis crónica el proceso de financierización impulsó la expansión consumista (sobre todo en los países ricos), la concreción de importantes proyectos industriales y de subsidios públicos a las demandas internas, de grandes aventuras militares imperialistas, pero al final del camino las euforias se disiparon para dejar al descubierto inmensas montañas de deudas públicas y privadas. La fiesta financiera (que tuvo en su recorrido numerosos accidentes) se convierte en techo financiero que bloquea el crecimiento.
Las turbulencias de 2007-2008 pueden ser consideradas como el punto de arranque del crepúsculo del sistema, la multiplicidad de “crisis” que estallaron en ese período (financiera, productiva, alimentaria, energética) convergieron con otras como la ambiental o la del Complejo Industrial-Militar del Imperio empantanado en las guerras asiáticas. Esa sumatoria de crisis no resueltas impiden, frenan la reproducción ampliada del sistema.
Visto desde el largo plazo la sucesión de crisis de sobreproducción en el capitalismo occidental durante el siglo XIX no marcó un sencillo encadenamiento de caídas y recuperaciones a niveles cada vez más altos de desarrollo de fuerzas productivas sino que luego de cada depresión el sistema se recomponía pero acumulando en su recorrido masas crecientes de parasitismo.
El cáncer financiero irrumpió triunfal, dominante entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX y obtuvo el control absoluto del sistema siete u ocho décadas después, pero su desarrollo había comenzado mucho tiempo antes financiando a estructuras industriales y comerciales cada vez más concentradas y a los estados imperialistas donde se expandían las burocracias civiles y militares. La hegemonía de la ideología del progreso y del discurso productivista sirvió para ocultar el fenómeno, instaló la idea de que el capitalismo a la inversa de las civilizaciones anteriores no acumulaba parasitismo sino fuerzas productivas que al expandirse creaban problemas de inadaptación superables al interior del sistema mundial, resueltos a través de procesos de “destrucción-creadora”. El parasitismo capitalista a gran escala cuando se hacía evidente era considerado como una forma de “atraso” o una “degeneración” pasajera en la marcha ascendente de la modernidad.
Esa marea ideológica atrapó también a buena parte del pensamiento anticapitalista (en última instancia “progresista”) de los siglos XIX y XX, convencido de que la corriente imparable del desarrollo de las fuerzas productivas terminaría por enfrentar a las relaciones capitalistas de producción, saltando por encima de ellas, aplastándolas con una avalancha revolucionaria de obreros industriales de los países más “avanzados” a los que seguirían los llamados “países atrasados”. La ilusión del progreso indefinido ocultó la perspectiva de la decadencia, de esa manera dejó a medio camino al pensamiento crítico, le quitó radicalidad con consecuencias culturales negativas evidentes para los movimientos de emancipación de los oprimidos del centro y de la periferia.
Por su parte el militarismo moderno hunde sus raíces más recientes en el siglo XIX, desde las guerras napoleónicas, llegando a la guerra franco-prusiana hasta irrumpir en la Primera Guerra Mundial como “Complejo Militar-Industrial” (aunque es posible encontrar antecedentes importantes en Occidente en las primeras industrias de armamentos de tipo moderno aproximadamente a partir del siglo XVI). Fue percibido en un comienzo como un instrumento privilegiado de las estrategias imperialistas y como reactivador económico del capitalismo, pero este solo un aspecto del fenómeno que ocultaba o subestimaba su profunda naturaleza parasitaria, el hecho de que detrás del monstruo militar al servicio de la reproducción del sistema se ocultaba un monstruo mucho más poderoso a largo plazo: el del consumo improductivo, causante de déficits públicos que al final del recorrido no incentivan más la expansión sino el estancamiento o la contracción de la economía.
Actualmente el Complejo Militar-Industrial norteamericano (en torno del cual se reproducen los de sus socios de la OTAN) gasta en términos reales más de un billón (un millón de millones) de dólares, contribuye de manera creciente al déficit fiscal y por consiguiente al endeudamiento del Imperio (y a la prosperidad de los negocios financieros beneficiarios de dicho déficit). Su eficacia militar es declinante pero su burocracia es cada vez mayor, la corrupción ha penetrado en todas sus actividades, ya no es el gran generador de empleos como en otras épocas, el desarrollo de la tecnología industrial-militar ha reducido significativamente esa función (la época del keynesianismo militar como eficaz estrategia anti-crisis pertenece al pasado). Al mismo tiempo es posible constatar que en los Estados Unidos se ha producido la integración de negocios entre la esfera industrial-militar, las redes financieras, las grandes empresas energéticas, las camarillas mafiosas, las “empresas” de seguridad y otras actividades muy dinámicas conformando el espacio dominante del sistema de poder imperial.
Tampoco la crisis energética en torno de la llegada del “Peak Oil” (la franja de máxima producción petrolera mundial a partir de la cual se desarrolla su declinación) debería ser restringida a la historia de las últimas décadas, es necesario entenderla como fase declinante del largo ciclo de la explotación moderna de los recursos naturales no renovables, desde el comienzo del capitalismo industrial que pudo realizar su despegue y posterior expansión gracias a esos insumos energéticos abundantes, baratos y fácilmente transportables desarrollando primero el ciclo del carbón bajo hegemonía inglesa en el siglo XIX y luego el del petróleo bajo hegemonía norteamericana en el siglo XX. El ciclo energético condicionó todo el desarrollo tecnológico del sistema y expresó, fue la vanguardia de la dinámica depredadora del capitalismo extendida al conjunto de recursos naturales y del ecosistema en general.
En síntesis, el desarrollo de la civilización burguesa durante los dos últimos siglos (con raíces en un pasado occidental mucho más prolongado) ha terminado por engendrar un proceso irreversible de decadencia, la depredación ambiental y la expansión parasitaria, estrechamente interrelacionadas, están en la base del fenómeno. La dinámica del desarrollo económico del capitalismo marcada por una sucesión de crisis de sobreproducción constituye el motor del proceso depredador-parasitario que conduce inevitablemente a una crisis prolongada de subproducción (el capitalismo obligado a crecer-depredar indefinidamente para no perecer termina por destruir su base material). Existe una interrelación dialéctica perversa entre la expansión de la masa global de ganancias, su velocidad creciente, la multiplicación de las estructuras burocráticas civiles y militares de control social, la concentración mundial de ingresos, el ascenso de la marea parasitaria y la depredación del ecosistema.
Esto significa que la superación necesaria del capitalismo no aparece como el paso indispensable para proseguir “la marcha del progreso” sino en primer lugar como tentativa de supervivencia humana y de su contexto ambiental.
La decadencia es la última etapa de un largo súper ciclo histórico, su fase declinante, su envejecimiento irreversible (su senilidad). Extremando los reduccionismos tan practicados por las “ciencias sociales” podríamos hablar de “ciclos” de distinta duración: energético, alimentario, militar, financiero, productivo, estatal, etc., y así describir en cada caso trayectorias que despegan en Occidente entre fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX con raíces anteriores e involucrando espacios geográficos crecientes hasta asumir finalmente una dimensión planetaria para luego declinar cada uno de ellos. La coincidencia histórica de todas esas declinaciones y la fácil detección de densas interrelaciones entre todos esos “ciclos” nos sugieren la existencia de un único súper ciclo que los incluye a todos. Se trata del ciclo de la civilización burguesa que se expresa a través de una multiplicidad de “aspectos” (productivo, moral, político, militar, ambiental, etc.).
Declinación del Imperio, redespliegue militarista, ilusiones periféricas e insurgencia global
Toda la historia del capitalismo gira desde fines del siglo XVIII en torno de la dominación primero inglesa y luego estadounidense. Capitalismo mundial, imperialismo y predominio anglo-norteamericano constituyen un solo fenómeno (ahora decadente).
La articulación sistémica del capitalismo aparece históricamente indisociable del articulador imperial pero resulta que en el futuro previsible ningún nuevo imperialismo global ascendente, en consecuencia el planeta burgués va perdiendo una pieza decisiva de su proceso de reproducción. La Unión Europea y Japón son tan decadentes como los Estados Unidos, China ha basado su espectacular expansión en una gran ofensiva exportadora hacia los mercados ahora declinantes de esas tres potencias centrales.
El capitalismo va quedando a la deriva a menos que pronostiquemos el próximo surgimiento de una suerte de mano invisible universal (y burguesa) capaz de imponer el orden (monetario, comercial, político-militar, etc.). En ese caso estaríamos extrapolando al nivel de la humanidad futura la referencia a la mano invisible (realmente inexistente) del mercado capitalista pregonada por la teoría económica liberal.
La decadencia de la mayor civilización que ha conocido la historia humana nos presenta diversos escenarios futuros, alternativas de autodestrucción y de regeneración, de genocidio y de solidaridad, de desastre ecológico y de reconciliación del ser humano con su entorno ambiental. Estamos retomando un viejo debate sobre alternativas interrumpido por la euforia neoliberal, la crisis rompe el bloqueo y nos permite pensar el futuro.
Volvamos a la reflexión inicial de este texto: el comienzo del siglo XXI señala una paradoja decisiva, el capitalismo ha asumido claramente una dimensión planetaria pero al mismo tiempo ha iniciado su declinación.
Por otra parte cien años de revoluciones y contrarrevoluciones periféricas produjeron grandes cambios culturales, ahora en la periferia (completamente modernizada, es decir completamente subdesarrollada) existe un enorme potencial de autonomía en las clases bajas. Allí se presenta lo que de manera tal vez demasiado simplista podríamos definir como patrimonio histórico democrático forjado a lo largo del siglo XX. Los periféricos sumergidos han construido sindicatos, organizaciones campesinas, han participado en votaciones de todo tipo, han hecho revoluciones (muchas de ellas con banderas socialistas), reformas democratizantes, la mayor parte de las veces han fracasado. Todo ello forma parte de su memoria, no ha desaparecido, por el contrario es experiencia acumulada, procesada por lo general de manera subterránea, invisible para los observadores superficiales. Eso ha sido reforzado por la propia modernización que por ejemplo le suministra instrumentos comunicacionales que le permite interactuar, intercambiar informaciones, socializar reflexiones. Finalmente, la decadencia general del sistema, el posible comienzo del fin de su hegemonía cultural abre un gigantesco espacio a la creatividad de los oprimidos.
La guerra eurasiática engendró un inmenso pantano geopolítico del que los occidentales no saben como salir, el traspié ha consolidado y extendido espacios de rebelión y autonomía cuya contención es cada día más difícil ante lo cual el Imperio redobla sus amenazas y agresiones. Corea del Norte no ha podido ser doblegada al igual que Irán, la resistencia palestina sigue en pié e Israel, por primera vez en su historia sufrió una derrota militar en el sur del Líbano, la guerra de Irak no pudo ser ganada por los Estados Unidos lo que les plantea allí una situación donde todos los caminos conducen a la pérdida de poder en ese país.
En el otro extremo de la periferia, América Latina, el despertar popular trasciende a los gobiernos progresistas y deteriora estratégicamente a las pocas oligarquías derechistas que que aún controlan el poder político. El proyecto estadounidense de restauración de “gobiernos amigos” tropieza con un escollo fundamental, la profunda degradación de las élites aliadas, su incapacidad para gobernar en varios de los países candidatos al derechazo aunque el Imperio no puede (no está en condiciones) de detener o desacelerar su ofensiva a la espera de mejores contextos políticos. El ritmo de su crisis sobredetermina su estrategia regional, en última instancia no es demasiado diferente la situación en Asia donde la dinámica imperial combina la sofisticación y variedad de técnicas y estructuras operativas disponibles con el comportamiento grosero.
Si observamos al conjunto de la periferia actual desde el largo plazo histórico constataremos que de un lado se sitúa un poder imperial desquiciado enfrentado a una gigantesca ola plural de pueblos sumergidos desde Afganistan hasta Bolivia, desde Colombia hasta Filipinas, expresión de la crisis de la modernidad subdesarrollada. Es el comienzo de un despertar popular muy superior al del siglo XX.
En medio de esas tensiones aparece un colorido abanico de ilusiones periféricas fundadas en la posibilidad de generar un desacople encabezado por las naciones llamadas emergentes, fantasía que no toma en consideración el hecho decisivo de que todas las “emergencias” (las de Rusia, China, Brasil, India, etc.) se apoyan en su inserción en los mercados de los países ricos. Si esos estados que vienen practicando neokeyneesianismos más o menos audaces compensando el enfriamiento global quisieran profundizar esos impulsos mercadointernistas e/o interperiféricos se encontrarían tarde o temprano con las barreras sociales de sus propios sistemas económicos o para decirlo de otra manera: con sus propios capitalismos realmente existentes, en especial los intereses de sus burguesías financierizadas y transnacionalizadas.
A medida que la crisis se profundice, que las debilidades del capitalismo periférico se hagan más visibles, que las bases sociales internas de las burguesías imperialistas se deterioren y que la desesperación imperial se agudice; la ola popular global ya en marcha no tendrá otro camino que el de su radicalización, su transformación en insurgencia revolucionaria. Compleja, a distintas velocidades y con construcciones (contra)culturales diversas, avanzando desde distintas identidades hacia la superación del infierno. Es solo desde esa perspectiva que es posible pensar al postcapitalismo, al renacimiento (a la reconfiguración) de la utopía comunista, ya no como resultado de la “ciencia” social elitista, desde la superación al interior de la civilización burguesa a través de una suerte de “abolición suave” sino de su negación integral en tanto expansión ilimitada de la pluralidad recuperando las viejas culturas igualitarias, solidarias elevándolas hacia un colectivismo renovado.
Los movimientos insurgentes de la periferia actual suelen ser presentados por los medios globales de comunicación como causas perdidas, como resistencias primitivas a la modernización o como el resultado de la actividad de misteriosos grupos de empecinados terroristas. La resistencia en Afganistán y Palestina o la insurgencia colombiana aparecen en dicha propaganda protagonizando guerras que nunca podrían ganar ante aparatos superpoderosos, no faltan los pacificadores profesionales que aconsejan a los combatientes deponer su intransigencia y negociar alguna forma de rendición ventajosa “antes de que sea demasiado tarde” . El siglo XX debería ser una buena escuela para quienes se encandilan ante el gigantismo y la eficacia de los aparatos militares (y de los aparatos burocráticos en general) porque ese siglo vio el nacimiento victorioso de los grandes aparatos modernos como lo es hoy el Complejo Militar Industrial de los Estados Unidos y también fue testigo de su ruina, de su derrota ante pueblos en armas, ante la creatividad y la insumisión de los de abajo.
En los años 1990 los neoliberales nos explicaban que la globalización constituía un fenómeno irreversible, que el capitalismo había adquirido una dimensión planetaria que arrasaba con todos los obstáculos nacionales o locales. No se daban cuenta que esa irreversibilidad transformada poco después en decadencia global del sistema le abría las puertas a un sujeto inesperado: la insurgencia global del siglo XXI, el tiempo (la marcha de la crisis) juega a su favor. El Imperio y sus aliados directos e indirectos quisieran hacerla abortar, empezando por intentar borrar su dimensión universal, tratando mediáticamente de convertirla (fragmentarla) en una modesta colección de residuos locales sin futuro, pero esos supuestas resistencias residuales poseen una vitalidad sorprendente, se reproducen, sobreviven a todos los exterminios y cuando observamos el recorrido futuro de la declinación civilizacional en curso, la profunda degradación del mundo burgués, su despliegue de barbarie anticipando crímenes aun mayores entonces la globalización de la insurgencia popular aparece como el camino más seguro para la emancipación de las mayorías sumergidas que es a su vez su única posibilidad de supervivencia digna.
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(1), Bud Conrad, “Beyond the Point of No Return”, GooldSeek, 12 May 2010
(2), “La explosión de la deuda pública. Previsiones de la OCDE para 2010”, AFP, 25-11- 2009
(3), Fuente: FMI. OCDE, McKinsey Global Institute.
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Etiquetas: capitalismo, china, rebelion, venezuela
Dilma, asegurar conquistas y consolidar avances
Leonardo Boff
Adital
Brasil ya dejó de «yacer tumbado en espléndida cuna». En los últimos años, particularmente bajo la administración del Presidente Lula, ha conocido transformaciones inéditas en nuestra historia. Son la consecuencia de un proyecto político que ha decidido colocar la nación por encima del mercado, que concede una posición central a lo social-popular, consiguiendo integrar a millones y millones de personas, antes condenadas a la exclusión y a morir antes de tiempo. A pesar de las obligaciones que tuvo que asumir impuestas por la macroeconomía neoliberal, no se sometió a los dictámenes provenientes del FMI, del Banco Mundial y de otras instancias que dirigen el curso de la globalización económica. Abrió un camino propio, tan sostenible que afrontó con éxito la profunda crisis económica-financiera que diezmó las economías centrales y que, debido a la escasez creciente de bienes y servicios naturales y al calentamiento global, está poniendo en jaque la propia reproducción del sistema del capital.
El gobierno Lula llevó a cabo la revolución brasilera en el sentido de Caio Prado Jr. en su clásico A Revolução Brasileira (1966): "Transformaciones capaces de reestructurar la vida de un país de manera adecuada a sus necesidades más generales y profundas, y a las aspiraciones de la gran masa de su población… algo que lleve la vida del país por un nuevo rumbo". Esas transformaciones han ocurrido, las necesidades más básicas de comer, vivir, trabajar, estudiar y tener luz y salud han sido, en gran parte, satisfechas. Se ha dado un nuevo rumbo a nuestro país, rumbo que confiere la dignidad siempre negada a las grandes mayorías. Lula nunca traicionó su promesa de erradicar el hambre y de poner el acento en lo social. Su actuación ha sido tan impactante que se le considera uno de los grandes líderes mundiales.
Este inestimable legado no se puede poner en peligro. A pesar de los errores y desviaciones ocurridas durante su gobierno, que hay que reconocer, corregir y sancionar, las transformaciones deben ser consolidadas y completadas. Este es el principal significado de la victoria de la candidata Dilma, que es portadora de las cualidades necesarias para «rehacer» continuadamente el nuevo Brasil.
Para esto es importante derrotar al candidato de la oposición José Serra. Él representa otro proyecto de Brasil que viene del pasado, se reviste de bellas palabras y de propuestas ilusorias pero fundamentalmente es neoliberal y no-popular, y se propone privatizar y debilitar al Estado para permitir la actuación libre del capital privado nacional, articulado con el mundial.
Los ideólogos del PSDB que apoyan a Serra consideran irreversible el proceso de globalización por la vía del mercado, a pesar de estar en crisis. Dicen: debemos insertarnos en él aunque sea de forma subalterna. En caso contrario, nos condenamos a la irrelevancia histórica. Esto aparece claramente cuando Serra aborda la política exterior. Explícitamente se alinea con las potencias centrales, imperialistas y militaristas que persisten en el uso de la violencia para resolver los problemas mundiales, ridiculizando el intento del Presidente Lula de fundar una nueva diplomacia basada en el diálogo y en la negociación sincera sobre la base del gana-gana.
El destino de Brasil dentro de esa opción, está más pendiente de las megafuerzas que controlan el mercado mundial que de las decisiones políticas de los brasileros. La autonomía de Brasil con un proyecto propio de nación que puede ayudar a encontrar un nuevo rumbo salvador a la humanidad, atribulada por tantos peligros, está totalmente ausente de su discurso.
Ese proyecto neoliberal, triunfante en los ocho años de gobierno de Fernando Henrique Cardoso, realizó hechos importantes, especialmente en la estabilización económica. Pero hizo políticas pobres para los pobres y ricas para los ricos. Las políticas sociales no pasaban de migajas. Los portadores del proyecto neoliberal son sectores ligados al agronegocio de exportación, las élites económicas-financieras, modernas en el estilo de vida pero conservadoras en el pensamiento, los representantes de las multinacionales con sede en nuestro país y las fuerzas políticas de la modernización tecnológica sin transformaciones sociales.
Votar a Dilma es garantizar las conquistas hechas en favor de las grandes mayorías y consolidar un Estado, cuya Presidenta sabrá cuidar del pueblo, pues es de la esencia de lo femenino cuidar y proteger la vida en todas sus formas.
[Publicado em Servicios Koinonía].
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor
Fuente: http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=51918
rCR
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